Teoría del espacio soñador (Dreamer Space Theory)
(De la Enciclopedia del nuevo milenio que trata sobre el saber ambiguo, mundano e invisible, Tomo XXII)
***
Historia: se acusó a los iniciadores de esta teoría ecléctica de haberse inspirado en películas como The Matrix o libros como The Secret para aprovecharse del sistema de becados universitarios. Sin embargo, sus creadores rechazaron esto aludiendo a que nunca estuvieron de acuerdo con todo lo expuesto en la película de los hermanos Wachowski, y que su teoría no estaba hecha para que la gente produjera “milagros” en su vida. Para ellos, se trataba simplemente de encontrar una teoría sobre el universo que respondiera de manera alternativa a lo planteado por la religión y la ciencia.
En agosto de 2003, dos candidatos al doctorado en Columbia, Ben Hudson y Brad McMurtry se reunieron en un restaurante mexicano de Manhattan para discutir sobre la posibilidad de crear una cosmología basada en las malinterpretaciones del psicoanálisis, los Cultural Studies, las teorías deleuzianas sobre el cine, la poesía vanguardista y los residuos de lo sagrado en la era postmoderna. Al principio, no llegaron a estructurar algo coherente, pero presentaron un anteproyecto para recibir una subvención de la academia que les permitiera estudiar más a fondo el asunto sin tantas incomodidades económicas (como todos los estudiantes de posgrado en el área de las humanidades y ciencias sociales, Hudson y McMurtry eran conscientes de que sólo alcanzarían su plena realización económica como hombres blancos heterosexuales de estatura superior a 1 metro 80 en el seno de la sociedad alto capitalista y la meritocracia norteamericana después de cumplir 40 o 45 años, algo que a sus 29 y 28 años los inducía a un improductivo sarcasmo holístico y a la depresculinidad, síntoma ya del CMBT, Caucasian Male Bad Trip).
En abril de 2004, en una tarde que anunciaba ya el verano, McMurtry vio interrumpido el sueño de una resaca. Hudson al otro lado del teléfono le dijo, en un tono de voz que mezclaba felicidad e incredibilidad, que habían recibido una beca para iniciar la investigación sobre la cosmología y las teorías contemporáneas de la cultura. Se trataba de un milagro, ya que ambos eran conscientes de que su anteproyecto era una farsa muy bien maquillada de citaciones eruditas. El fin de semana siguiente, McMurtry y Hudson partieron a un chalet de Vermont con tres amigas de la universidad y una cantidad suficientes de sustancias prohibidas. En medio de las actividades en mutua compañía, Hudson reflexionaba en la siguiente cuestión: “si la lógica del espacio es lo que predomina en el arte y la cultura desde la era atómica, remplazando la lógica del tiempo que venía marcando el pensamiento de la modernidad desde el siglo de las luces, ¿por qué no transferir este cambio al plano de la transcendencia?” Esto pensaba, cuando su compañera de turno le llamó la atención: “hey dude, are you a hollowgram… Are you in on it or not?”. Es posible que la chica tuviera un problema de pronunciación debido a la constante obstrucción de su aparato fónico, o que Hudson hubiera escuchado mal, pero para él significó la iluminación. Logró escapar de la entrepierna de la chica y fue corriendo a la otra habitación. McMurtry se encontraba en un debate cuerpo a cuerpo contra dos mujeres poseídas por el éxtasis. Hudson se internó en el bosque de piernas, brazos y genitales para sacar a la fuerza a su compañero, el que no supo qué estaba pasando exactamente al verse arrastrado a la cocina y al laptop. Fue allí donde Hudson pronunció el malabar en lengua inglesa: “everything is hollowgraphic, everything is holygraphic”. Confundido, McMurtry lo miró de pies a cabeza, no sin hacer una pausa en el medio donde contempló por una fracción de segundo algo familiarmente inquietante. Hudson no dio importancia al hecho de que se hallara desnudo y que su amigo lo observara con el rostro desencajado. Volvió a repetir el malabar y empezó a elaborar una explicación a partir de éste. McMurtry fue involucrándose poco a poco en la argumentación con monosílabos ininteligibles hasta que los dos se cansaron, y se quedaron dormidos teniendo el mismo sueño: un reloj derritiéndose en un terreno baldío, el espacio (en realidad se trataba de la imagen que proyectaba el laptop una vez que entraba en modo de vigilia).
Al despertar, no encontraron rastros del laptop, de la camioneta en la que habían ido al chalet, de las mujeres, de sus ropas. McMurtry maldijo unas cuantas veces para evitar responder francamente a lo que Hudson le preguntaba con insistencia: “¿había conocido realmente a esas bitches en el campus universitario?”. Tampoco tenían un teléfono al alcance, por lo que se hacía imposible llamar a la madre de Hudson para que viniera a recogerlos. Se arroparon con las sábanas que encontraron y salieron a buscar ayuda. Esa mañana había nevado, y por más caucásica que fuera su piel, sintieron la magnitud del frío aumentada por la distancia que debían recorrer. Atravesaron un sendero de coníferas espinosas antes de llegar a la carretera más próxima. Hudson se puso a blasfemar contra la teoría de la relatividad de Einstein – “dónde estaba la luz, la velocidad, la aceleración, la masa, and so on”, mientras que McMurtry se preguntaba si aquella ligera picazón en sus testículos no era otra consecuencia nefasta de aquella noche o sólo era el efecto de la temperatura.
No anduvieron demasiado hasta que una furgoneta se detuvo para recogerlos. Los dos jóvenes estaban azulados y a punto de perder el conocimiento. Los ocupantes del vehículo los arroparon con mantas de lana muy coloridas. Muchos motivos religiosos: entre ellos, la Virgen de Guadalupe, escapularios y camándulas que colgaban. La gente hablaba español, olía a tabaco, parecían esqueletos pequeños y gordos. Hudson se sintió inmerso en la divinidad y McMurtry quería comer burritos. Todo se antojaba cíclico, hollowgráfico, holygráfico, todo volvía al principio: Hudson y McMurtry en un restaurante mexicano de Manhattan discutiendo sobre la teoría del espacio soñador. Más sueño, más espacio entre ellos para que entrara el calor de las mantas, el humo del tabaco, los rasgueos de una guitarra, una voz paterna y lejana que susurraba:
Niños gringos, niños gringos
Por qué corren a su ruina
Si el cielo es pa’ ustedes mijos
Lo dijo Dios en la Biblia.
(Esto fue lo que creyó escuchar Hudson en español, pero que entendió en inglés – Hudson nunca aprendió español – y de hecho, nadie llevaba guitarra en la furgoneta).
Hudson nunca fue bueno aprendiendo idiomas extranjeros. Eso lo constató al recobrar la conciencia y escuchar esto:
−Eh ben, esti, finalement l’une des moumounes s’est réveillée. T’as caché le drapeau?
−Ouais. On réveille-tu l’autre, Marc-André ?
−C’est beau, p’tit Guy, on va interroger celui-ci pis on les relâche après. C’est juste pour avoir un peu de fun avec ces deux caves.
−Sir, do you speak English?
Hudson asintió sin saber en dónde se encontraba. Tenía la impresión de que se trataba de un control fronterizo, pero no estaba seguro. Afuera, sólo había el frío de la noche.
−Well, you’re unlucky because I don’t want to speak English…
Hudson creyó entender mal debido al fuerte acento de su interlocutor.
−Marc-André, c’est pâ correct de faire çâ… qu’est-ce qu’y va se pâsser s’y se plaint avec nos supérieurs?
−As-tu la chienne, p’tit Guy?
−Moé, pantout! J’veux juste pâ perdre ma job…
−Mais non, prends çâ relax! ‘Garde comment y sont maganés, qui va les croère?... Faut profiter qu’on est pas filmés astheure…Écoutez, monsieur −dijo dirigiéndose a un confundido Hudson − icitte lâ, c’est la République du Québec, The Republic of KWIBÉC, got it?... et vous êtes entrés sans documents dans notre pays. Il y avait vos amis, les Mexicains lâ lâ, mais ça fait qu’ y’z étaient corrects parce que c’étaient des refugiés… mais vous! Vous êtes à poil!
Los dos oficiales se echaron a reír como un par de retrasados mentales. McMurtry abrió los ojos y exclamó:
−République du Québec dans tes rêves, mon tabarnak !
Hudson no veía a su amigo con tanta admiración desde que éste había aparecido con las tres mujeres del chalet (lo que, obviamente, había resultado un fiasco). A parte de estas tres, Hudson sólo recordaba una mujer en la vida de McMurtry: una quebequesa, algo gorda, pero agradable a la vista (y por qué no al tacto) a pesar de la insinuación de unos bigotes nietzscheanos, y que cantaba dolorosamente en un pub de Queens. Era ella la que le había enseñado francés. McMurtry dejó de lado la práctica de idioma extranjero como formalidad de presentación para tratar de asuntos más importantes con los dos oficiales, los que escuchaban con el rostro empalidecido:
−I’m going to have an interesting conversation with your boss...
−Sorry for that, sir…
−We’re American Citizens… you’re in trouble with my country, asshole!
−Sorry, sorry for that… Please don’t… Forgive us…it was only a stupid joke… We knew about your situation, the Mexicans explained everything when we registered their car… L’ambulence s’en vient, p’tit Guy?
−Oui, les gens du côté américain disent qu’ils ont en appelé une à Plattsburgh il y a une vingtaine de minutes.
−Why aren’t we on the American side? − preguntó McMurtry
−Because you arrived here without documents and unconscious, and we needed to fill some forms before delivering you to the authorities of your country.
−And you needed also to make fun of us, didn’t you?
−Sorry again…
−How about this ambulance?
−Yes, there’s an ambulance coming for you…hot food and clean clothes too… you guys will be taken home…−dijo Marc-André con la mejor sonrisa.
La conversación, por fortuna, se detuvo en ese punto. Mientras llegaba la ambulancia, P’tit Guy trajo chocolate caliente y los cuatro hombres se pusieron a hablar de hockey como si fueran amigos de toda la vida.
De regreso a Nueva York, McMurtry le contó a Hudson todo lo que los agentes aduaneros le habían dicho. Hudson sintió tristeza por la ilusión que (se) crearon por algunos momentos aquellos dos hombres durante su broma: la República de Quebec. Toda identidad es ilusión, se dijo a sí mismo y luego se lo comentó a McMurtry, el que estuvo muy de acuerdo, pero haciendo hincapié en que todo es también una broma mal hecha. Toda identidad (colectiva o individual; postmoderna, moderna o premoderna; adquirida con el nacimiento o fabricada con el tiempo; sacrílega o carnavalesca), es ilusión y broma, teatro de ciencia ficción cómica, se dijeron hasta llegar a casa. Al amanecer, Nueva York les pareció el mejor de los chistes fallidos al creer ver por un segundo las torres gemelas, un platillo volador y la tristeza.
Un año después, los dos estudiantes daban un gran paso al crear el centro de estudios sobre la recepción popular de las teorías culturales y cosmología. Tenían un local que compartían con la gente de Harry Potter Studies. Lo atendían los días martes y viernes, mientras que sus colegas lo hacían los lunes y jueves. El delegado del organismo de becas consideraba que era importante financiar este proyecto porque, según él, “es necesario que se cree un área de estudio que autoevalúe los avances en el conocimiento de los fenómenos culturales por parte de la academia, la crítica y la teoría… es como crear una sección de contraespionaje a partir de una perspectiva joven y audaz… el contraespionaje cosmo-posmo”.
Los adeptos de los D.S.T.S, que al principio no eran más que algunos cuantos geeks interdisciplinarios, fueron aumentando así como la cantidad y calidad de mujeres que frecuentaban el círculo. McMurtry comenzó a salir con mujeres 10.0 y 9.0, y Hudson con mujeres 8.5 y 7.5 (antes sólo podían hacerlo con mujeres nota 6.0 y 5.0, las que siempre terminaban haciéndoles un desplante antes o después de la primera cita). Los dos jóvenes reconocían que su éxito con el género femenino se derivaba de la popularidad de la teoría – lo que los convertía indiscutiblemente en líderes carismáticos –, y sobre todo, a la seducción hipnótica, una técnica inspirada en los juegos de los artistas del pick-up (los PUA), pero basada en el concepto de la formación de imágenes-objeto, imágenes-palabras.
Poco a poco, la teoría dejó de ser un asunto universitario para ocupar el interés mediático. McMurtry y Hudson eran invitados con frecuencia a programas televisivos de alto índice de audiencia: The Oprah Winfrey Show, The Today Show, Good Morning America y American Idiol. McMurtry decidió mudarse a Los Ángeles para expander la teoría en la Costa Oeste, mientras que Hudson continuó su trabajo en Nueva York. Dicha separación también obedeció a las diferencias crecientes entre sus dos creadores: Hudson se mantuvo en su idea de un espacio soñador puro sin tener que reformular conceptos para responder a las mayores objeciones que surgían en contra de la teoría –el espacio nos sueña así como también sueña las contradicciones que dicha afirmación pueda contener –, mientras que McMurtry admitía cualquier teoría que le diera más forma y misterio al animal-onírco, mente o subconsciente de Dios (esto también lo hacía para ganarse la simpatía de alguna que otra MILF o cougar cristiana de buenos recursos). Dicha distanciación entre Hudson y McMurtry es conocida en la historia de los D.S.T.S como la ruptura del Bromance.
Todo iba viento en popa hasta el día en que McMurtry declaró en una entrevista radial que la teoría del espacio soñador era la única solución para salvar a la gente de toda la bullshit que había enseñado Ron Hubbard. Las reacciones y represalias de la iglesia de cienciología no se hicieron esperar. Siguiendo la política de “atacar al atacante”, las directivas de la iglesia encargaron el caso McMurtry-Hudson a un grupo de detectives y periodistas que asistían frecuentemente a las audiciones de la dianética para que encontraran cualquier detalle que permitiera desprestigiar los D.S.T.S.
El escándalo se desató pocas semanas después. Las pruebas habían sido enviadas a una importante cadena de noticias. El remitente de dicha información prefirió permanecer en el anonimato (irónicamente, la iglesia enfrentaba en aquel entonces el proyecto Chanology, que el grupo Anonymous había organizado a escala mundial). América estaba en estado de shock. Durante dos semanas no se dejó de hablar de: 1) la poca credibilidad del sistema becario universitario – no se encontraba una explicación lógica a cómo el anteproyecto sobre la recepción de las teorías culturales y la cosmología había logrado filtrase en los criterios de selección y había pasado en lugar de otras propuestas muchísimo más interesantes como las de la investigación sobre las fraternidades secretas homosexuales durante la Guerra de Secesión, o la del análisis semiótico-bíblico de los anuncios publicitarios divulgados durante el Superbowl. Más tarde se descubriría que el delegado que había recomendado vivamente el proyecto, el de la frase “contraespionaje cosmo-posmo”, estaba saliendo con la madre de Hudson. 2) en la biblioteca de McMurtry se encontró un ejemplar de The Secret, con lo cual se comprobaba que el éxito logrado era debido más bien al pensamiento positivo que al mérito de un trabajo intelectual intenso. El registro en el videoclub mostraba que Hudson era un fan empedernido de toda la franquicia de la Matrix. Entre 2000 y 2004, Hudson había alquilado al menos unas 75 veces los DVD de la trilogía, sin contar Animatrix y los videojuegos. Un seguimiento de sus compras en Amazon.com y MasterCard arrojó como resultado que, después de 2005, una vez que Hudson tenía dinero gracias a la beca, pudo comprarse todos los anteriores más los cómics. Con esto se llegaba a la conclusión de que no había originalidad en lo que los dos estudiantes proponían. La teoría del espacio soñador no sería más que un matrixismo disfrazado de reflexiones poco profundas, las que en ningún momento alcanzarían la agudeza de un Slavoj Žižek o un Alain Badiou. 3) Problema internacional. Un video dejaba ver a dos jóvenes estadounidenses desnudos (presuntamente bajo efectos de la droga) burlándose de dos oficiales del control fronterizo canadiense. McMurtry gritaba varias veces: “République du Québec dans tes rêves, mon tabarnak!”, mientras que Hudson no paraba de reírse como un tonto. Hubo manifestaciones monstruo frente al consulado de los Estados Unidos en Montreal exigiendo excusas públicas por haber ofendido la sensibilidad de un pueblo que ha estado bajo el yugo del opresor anglohablante por más de dos siglos.
Luego de unas tímidas declaraciones, explicaciones y excusas, Hudson cayó en un estado depresivo que lo llevó a abandonar sus actividades en el centro de Nueva York y retirarse a Vermont. McMurtry aprovechó todo el escándalo para seguir creándose aún más y ganar mayor atención mediática – fue detenido por conducir ebrio en compañía de Paris Hilton. Los dos padres de la teoría del espacio soñador se sumirían pronto en la fase caótica del proceso cósmico – uno en el caos silencioso, el otro en el caos del bullicio. El espacio soñador los integraría en sí mismo para reciclarlos entre polvo de estrellas e imágenes venideras – Hudson (cuerpo colgando, corbata negra), McMurtry (les danseuses, l’héroïne, l’overdose). Los padres mueren, pero no así las teorías que prometen una visión alternativa del universo.
Entre las teorías que invocan una relatividad moderada de lo real (RMR), se encuentra la del sueño-espacio o del espacio soñador. Todo parte de un malabar en la lengua inglesa: Everything is hollowgraphic, everything is holygraphic. Lo que los sentidos perciben no son más que hologramas, los que serían huecográficos u hoyovisuales y reflejarían lo sagrado. Sólo basta pensar en las estrellas como soles que han muerto hace millones de años y cuya luz llega en constante desfase a nuestros telescopios, ojos y poesía (la búsqueda con palabras de lo sagrado-natural). La materia que rellena la imagen no existe, es algo que se agrega después de la experiencia de ver. Un ciego es alguien que llega un segundo más tarde, como lo hace en la escala astronómica la luz de la estrella. La imagen existiría a priori, su contenido material sería un gozoso acontecer in media res, y su significado así como su puesta en concepto, lenguaje y palabra concluiría el trabajo intelectivo del sujeto. Si las imágenes son huecas y contienen el vacío como su mayor significado, es porque, a su vez, éstas provienen de un vacío que constantemente se está haciendo en el espacio: el espacio creciendo a partir de sí mismo. El espacio es profundidad infinita que se produce así misma en cuanto a vacío, a algo hueco (hollow) y sagrado (holy), y que produce las formas y las substancias de las imágenes con las que va llenándose. El espacio no es imagen; es el presupuesto de cualquiera de ellas, ya sean físicas o mentales – el tiempo, por ejemplo, es una consecuencia del espacio al definirse como la velocidad con la que se mueve el objeto soñado por el espacio y la velocidad con la que pronto dicho objeto desaparecerá (el drama trágico{có[s]}mico de las imágenes y los seres, la tristeza que los embellece, mono no aware); y además, en el tiempo se concibe su propio fin, el fin del tiempo, lo que no ocurre con el espacio.
El espacio es inconsciente; sueña interminablemente imágenes, no las fabrica porque esto presupone un control consciente. En este último caso, se estaría hablando de Dios o de un principio creador inteligente, el cual no puede existir en el espacio porque el espacio mismo lo aniquilaría, o su presencia aniquilaría el propio espacio. Ciertas divergencias en esta teoría sostienen que el espacio sería el inconsciente de Dios, el cual, desde otro “lugar” o de un estado anterior o similar al hipnogógico estaría luchando por mantenerse despierto enviando avatares de consciencia como Jesús y otros profetas. Dicha posición es ridiculizada por otra que diría que en el fondo todo lo creado es soñado por alguien, que a su vez es el sueño de alguien más, etc., ya que el vacío (el espacio) puede dividirse en más vacíos hasta el infinito y un núcleo o centro de todo sería inconcebible. Asimismo, otras tendencias en los Dreamer Space Theory Studies plantean que sí puede haber una entidad conformada por el espacio y dentro de él, como es caso del Divino Monstruo (ver definición, así como las de Distangustia, Fractal del Anticristo, Rizomas cuánticos, Secuestro Divino y Teoterología), lo que permitiría equilibrar los términos Hollow y Holy, ya que lo sagrado es vacío monstruoso o infinita monstruosidad de un cuerpo vacío.
No obstante, los estudiosos más ortodoxos de la teoría han preferido descartar la parte de la consciencia (Dios o una colmena solipsista de mentes soñadoras) y la moral (una vibración que adquieren voluntariamente los cuerpos-imágenes para poderse convertir en alimento de una entidad monstruosa y egoísta) porque debido a esto el entendimiento del observador se tropieza directamente con la multiplicidad y la infinitud, lo que no es más que la propia actividad onírica (o santa) del espacio. Éste debe ser visto como un único animal carente de forma (pudiera ser ésta “monstruosa” o no) que actúa por instinto santo, sin necesidad de racionalizar y moralizar, y que funciona por medio de un ciclo simple de fases.
La primera fase se le denomina estado caótico (khaos o kaos). Si algo está en la fase underkaos significa que a penas está saliendo en el flujo como experimento de novedad ya existente (the same novum again & again), pero liberada de cualquier tipo de ideología, sentido crítico, escuela, estética, etc. Luego viene la puesta en forma: la fase kármica en la que la imagen sufre un proceso termodinámico: calentamiento, enfriamiento, estabilización, cristalización. Luego adquiere una forma lista para ser rellenada de materia y sentido. Khaos y Karma forman una Kruz llamada Kosmos, la cual es, junto a la de la autoexpansión infinita, la ley del espacio soñador. Una vez se forma el Kosmos, éste comienza a descomponerse para dar lugar a más espacio, y luego, a más imágenes.
El espacio es inconsciente; sueña interminablemente imágenes, no las fabrica porque esto presupone un control consciente. En este último caso, se estaría hablando de Dios o de un principio creador inteligente, el cual no puede existir en el espacio porque el espacio mismo lo aniquilaría, o su presencia aniquilaría el propio espacio. Ciertas divergencias en esta teoría sostienen que el espacio sería el inconsciente de Dios, el cual, desde otro “lugar” o de un estado anterior o similar al hipnogógico estaría luchando por mantenerse despierto enviando avatares de consciencia como Jesús y otros profetas. Dicha posición es ridiculizada por otra que diría que en el fondo todo lo creado es soñado por alguien, que a su vez es el sueño de alguien más, etc., ya que el vacío (el espacio) puede dividirse en más vacíos hasta el infinito y un núcleo o centro de todo sería inconcebible. Asimismo, otras tendencias en los Dreamer Space Theory Studies plantean que sí puede haber una entidad conformada por el espacio y dentro de él, como es caso del Divino Monstruo (ver definición, así como las de Distangustia, Fractal del Anticristo, Rizomas cuánticos, Secuestro Divino y Teoterología), lo que permitiría equilibrar los términos Hollow y Holy, ya que lo sagrado es vacío monstruoso o infinita monstruosidad de un cuerpo vacío.
No obstante, los estudiosos más ortodoxos de la teoría han preferido descartar la parte de la consciencia (Dios o una colmena solipsista de mentes soñadoras) y la moral (una vibración que adquieren voluntariamente los cuerpos-imágenes para poderse convertir en alimento de una entidad monstruosa y egoísta) porque debido a esto el entendimiento del observador se tropieza directamente con la multiplicidad y la infinitud, lo que no es más que la propia actividad onírica (o santa) del espacio. Éste debe ser visto como un único animal carente de forma (pudiera ser ésta “monstruosa” o no) que actúa por instinto santo, sin necesidad de racionalizar y moralizar, y que funciona por medio de un ciclo simple de fases.
La primera fase se le denomina estado caótico (khaos o kaos). Si algo está en la fase underkaos significa que a penas está saliendo en el flujo como experimento de novedad ya existente (the same novum again & again), pero liberada de cualquier tipo de ideología, sentido crítico, escuela, estética, etc. Luego viene la puesta en forma: la fase kármica en la que la imagen sufre un proceso termodinámico: calentamiento, enfriamiento, estabilización, cristalización. Luego adquiere una forma lista para ser rellenada de materia y sentido. Khaos y Karma forman una Kruz llamada Kosmos, la cual es, junto a la de la autoexpansión infinita, la ley del espacio soñador. Una vez se forma el Kosmos, éste comienza a descomponerse para dar lugar a más espacio, y luego, a más imágenes.
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Historia: se acusó a los iniciadores de esta teoría ecléctica de haberse inspirado en películas como The Matrix o libros como The Secret para aprovecharse del sistema de becados universitarios. Sin embargo, sus creadores rechazaron esto aludiendo a que nunca estuvieron de acuerdo con todo lo expuesto en la película de los hermanos Wachowski, y que su teoría no estaba hecha para que la gente produjera “milagros” en su vida. Para ellos, se trataba simplemente de encontrar una teoría sobre el universo que respondiera de manera alternativa a lo planteado por la religión y la ciencia.
En agosto de 2003, dos candidatos al doctorado en Columbia, Ben Hudson y Brad McMurtry se reunieron en un restaurante mexicano de Manhattan para discutir sobre la posibilidad de crear una cosmología basada en las malinterpretaciones del psicoanálisis, los Cultural Studies, las teorías deleuzianas sobre el cine, la poesía vanguardista y los residuos de lo sagrado en la era postmoderna. Al principio, no llegaron a estructurar algo coherente, pero presentaron un anteproyecto para recibir una subvención de la academia que les permitiera estudiar más a fondo el asunto sin tantas incomodidades económicas (como todos los estudiantes de posgrado en el área de las humanidades y ciencias sociales, Hudson y McMurtry eran conscientes de que sólo alcanzarían su plena realización económica como hombres blancos heterosexuales de estatura superior a 1 metro 80 en el seno de la sociedad alto capitalista y la meritocracia norteamericana después de cumplir 40 o 45 años, algo que a sus 29 y 28 años los inducía a un improductivo sarcasmo holístico y a la depresculinidad, síntoma ya del CMBT, Caucasian Male Bad Trip).
En abril de 2004, en una tarde que anunciaba ya el verano, McMurtry vio interrumpido el sueño de una resaca. Hudson al otro lado del teléfono le dijo, en un tono de voz que mezclaba felicidad e incredibilidad, que habían recibido una beca para iniciar la investigación sobre la cosmología y las teorías contemporáneas de la cultura. Se trataba de un milagro, ya que ambos eran conscientes de que su anteproyecto era una farsa muy bien maquillada de citaciones eruditas. El fin de semana siguiente, McMurtry y Hudson partieron a un chalet de Vermont con tres amigas de la universidad y una cantidad suficientes de sustancias prohibidas. En medio de las actividades en mutua compañía, Hudson reflexionaba en la siguiente cuestión: “si la lógica del espacio es lo que predomina en el arte y la cultura desde la era atómica, remplazando la lógica del tiempo que venía marcando el pensamiento de la modernidad desde el siglo de las luces, ¿por qué no transferir este cambio al plano de la transcendencia?” Esto pensaba, cuando su compañera de turno le llamó la atención: “hey dude, are you a hollowgram… Are you in on it or not?”. Es posible que la chica tuviera un problema de pronunciación debido a la constante obstrucción de su aparato fónico, o que Hudson hubiera escuchado mal, pero para él significó la iluminación. Logró escapar de la entrepierna de la chica y fue corriendo a la otra habitación. McMurtry se encontraba en un debate cuerpo a cuerpo contra dos mujeres poseídas por el éxtasis. Hudson se internó en el bosque de piernas, brazos y genitales para sacar a la fuerza a su compañero, el que no supo qué estaba pasando exactamente al verse arrastrado a la cocina y al laptop. Fue allí donde Hudson pronunció el malabar en lengua inglesa: “everything is hollowgraphic, everything is holygraphic”. Confundido, McMurtry lo miró de pies a cabeza, no sin hacer una pausa en el medio donde contempló por una fracción de segundo algo familiarmente inquietante. Hudson no dio importancia al hecho de que se hallara desnudo y que su amigo lo observara con el rostro desencajado. Volvió a repetir el malabar y empezó a elaborar una explicación a partir de éste. McMurtry fue involucrándose poco a poco en la argumentación con monosílabos ininteligibles hasta que los dos se cansaron, y se quedaron dormidos teniendo el mismo sueño: un reloj derritiéndose en un terreno baldío, el espacio (en realidad se trataba de la imagen que proyectaba el laptop una vez que entraba en modo de vigilia).
Al despertar, no encontraron rastros del laptop, de la camioneta en la que habían ido al chalet, de las mujeres, de sus ropas. McMurtry maldijo unas cuantas veces para evitar responder francamente a lo que Hudson le preguntaba con insistencia: “¿había conocido realmente a esas bitches en el campus universitario?”. Tampoco tenían un teléfono al alcance, por lo que se hacía imposible llamar a la madre de Hudson para que viniera a recogerlos. Se arroparon con las sábanas que encontraron y salieron a buscar ayuda. Esa mañana había nevado, y por más caucásica que fuera su piel, sintieron la magnitud del frío aumentada por la distancia que debían recorrer. Atravesaron un sendero de coníferas espinosas antes de llegar a la carretera más próxima. Hudson se puso a blasfemar contra la teoría de la relatividad de Einstein – “dónde estaba la luz, la velocidad, la aceleración, la masa, and so on”, mientras que McMurtry se preguntaba si aquella ligera picazón en sus testículos no era otra consecuencia nefasta de aquella noche o sólo era el efecto de la temperatura.
No anduvieron demasiado hasta que una furgoneta se detuvo para recogerlos. Los dos jóvenes estaban azulados y a punto de perder el conocimiento. Los ocupantes del vehículo los arroparon con mantas de lana muy coloridas. Muchos motivos religiosos: entre ellos, la Virgen de Guadalupe, escapularios y camándulas que colgaban. La gente hablaba español, olía a tabaco, parecían esqueletos pequeños y gordos. Hudson se sintió inmerso en la divinidad y McMurtry quería comer burritos. Todo se antojaba cíclico, hollowgráfico, holygráfico, todo volvía al principio: Hudson y McMurtry en un restaurante mexicano de Manhattan discutiendo sobre la teoría del espacio soñador. Más sueño, más espacio entre ellos para que entrara el calor de las mantas, el humo del tabaco, los rasgueos de una guitarra, una voz paterna y lejana que susurraba:
Niños gringos, niños gringos
Por qué corren a su ruina
Si el cielo es pa’ ustedes mijos
Lo dijo Dios en la Biblia.
(Esto fue lo que creyó escuchar Hudson en español, pero que entendió en inglés – Hudson nunca aprendió español – y de hecho, nadie llevaba guitarra en la furgoneta).
Hudson nunca fue bueno aprendiendo idiomas extranjeros. Eso lo constató al recobrar la conciencia y escuchar esto:
−Eh ben, esti, finalement l’une des moumounes s’est réveillée. T’as caché le drapeau?
−Ouais. On réveille-tu l’autre, Marc-André ?
−C’est beau, p’tit Guy, on va interroger celui-ci pis on les relâche après. C’est juste pour avoir un peu de fun avec ces deux caves.
−Sir, do you speak English?
Hudson asintió sin saber en dónde se encontraba. Tenía la impresión de que se trataba de un control fronterizo, pero no estaba seguro. Afuera, sólo había el frío de la noche.
−Well, you’re unlucky because I don’t want to speak English…
Hudson creyó entender mal debido al fuerte acento de su interlocutor.
−Marc-André, c’est pâ correct de faire çâ… qu’est-ce qu’y va se pâsser s’y se plaint avec nos supérieurs?
−As-tu la chienne, p’tit Guy?
−Moé, pantout! J’veux juste pâ perdre ma job…
−Mais non, prends çâ relax! ‘Garde comment y sont maganés, qui va les croère?... Faut profiter qu’on est pas filmés astheure…Écoutez, monsieur −dijo dirigiéndose a un confundido Hudson − icitte lâ, c’est la République du Québec, The Republic of KWIBÉC, got it?... et vous êtes entrés sans documents dans notre pays. Il y avait vos amis, les Mexicains lâ lâ, mais ça fait qu’ y’z étaient corrects parce que c’étaient des refugiés… mais vous! Vous êtes à poil!
Los dos oficiales se echaron a reír como un par de retrasados mentales. McMurtry abrió los ojos y exclamó:
−République du Québec dans tes rêves, mon tabarnak !
Hudson no veía a su amigo con tanta admiración desde que éste había aparecido con las tres mujeres del chalet (lo que, obviamente, había resultado un fiasco). A parte de estas tres, Hudson sólo recordaba una mujer en la vida de McMurtry: una quebequesa, algo gorda, pero agradable a la vista (y por qué no al tacto) a pesar de la insinuación de unos bigotes nietzscheanos, y que cantaba dolorosamente en un pub de Queens. Era ella la que le había enseñado francés. McMurtry dejó de lado la práctica de idioma extranjero como formalidad de presentación para tratar de asuntos más importantes con los dos oficiales, los que escuchaban con el rostro empalidecido:
−I’m going to have an interesting conversation with your boss...
−Sorry for that, sir…
−We’re American Citizens… you’re in trouble with my country, asshole!
−Sorry, sorry for that… Please don’t… Forgive us…it was only a stupid joke… We knew about your situation, the Mexicans explained everything when we registered their car… L’ambulence s’en vient, p’tit Guy?
−Oui, les gens du côté américain disent qu’ils ont en appelé une à Plattsburgh il y a une vingtaine de minutes.
−Why aren’t we on the American side? − preguntó McMurtry
−Because you arrived here without documents and unconscious, and we needed to fill some forms before delivering you to the authorities of your country.
−And you needed also to make fun of us, didn’t you?
−Sorry again…
−How about this ambulance?
−Yes, there’s an ambulance coming for you…hot food and clean clothes too… you guys will be taken home…−dijo Marc-André con la mejor sonrisa.
La conversación, por fortuna, se detuvo en ese punto. Mientras llegaba la ambulancia, P’tit Guy trajo chocolate caliente y los cuatro hombres se pusieron a hablar de hockey como si fueran amigos de toda la vida.
De regreso a Nueva York, McMurtry le contó a Hudson todo lo que los agentes aduaneros le habían dicho. Hudson sintió tristeza por la ilusión que (se) crearon por algunos momentos aquellos dos hombres durante su broma: la República de Quebec. Toda identidad es ilusión, se dijo a sí mismo y luego se lo comentó a McMurtry, el que estuvo muy de acuerdo, pero haciendo hincapié en que todo es también una broma mal hecha. Toda identidad (colectiva o individual; postmoderna, moderna o premoderna; adquirida con el nacimiento o fabricada con el tiempo; sacrílega o carnavalesca), es ilusión y broma, teatro de ciencia ficción cómica, se dijeron hasta llegar a casa. Al amanecer, Nueva York les pareció el mejor de los chistes fallidos al creer ver por un segundo las torres gemelas, un platillo volador y la tristeza.
Un año después, los dos estudiantes daban un gran paso al crear el centro de estudios sobre la recepción popular de las teorías culturales y cosmología. Tenían un local que compartían con la gente de Harry Potter Studies. Lo atendían los días martes y viernes, mientras que sus colegas lo hacían los lunes y jueves. El delegado del organismo de becas consideraba que era importante financiar este proyecto porque, según él, “es necesario que se cree un área de estudio que autoevalúe los avances en el conocimiento de los fenómenos culturales por parte de la academia, la crítica y la teoría… es como crear una sección de contraespionaje a partir de una perspectiva joven y audaz… el contraespionaje cosmo-posmo”.
Los adeptos de los D.S.T.S, que al principio no eran más que algunos cuantos geeks interdisciplinarios, fueron aumentando así como la cantidad y calidad de mujeres que frecuentaban el círculo. McMurtry comenzó a salir con mujeres 10.0 y 9.0, y Hudson con mujeres 8.5 y 7.5 (antes sólo podían hacerlo con mujeres nota 6.0 y 5.0, las que siempre terminaban haciéndoles un desplante antes o después de la primera cita). Los dos jóvenes reconocían que su éxito con el género femenino se derivaba de la popularidad de la teoría – lo que los convertía indiscutiblemente en líderes carismáticos –, y sobre todo, a la seducción hipnótica, una técnica inspirada en los juegos de los artistas del pick-up (los PUA), pero basada en el concepto de la formación de imágenes-objeto, imágenes-palabras.
Poco a poco, la teoría dejó de ser un asunto universitario para ocupar el interés mediático. McMurtry y Hudson eran invitados con frecuencia a programas televisivos de alto índice de audiencia: The Oprah Winfrey Show, The Today Show, Good Morning America y American Idiol. McMurtry decidió mudarse a Los Ángeles para expander la teoría en la Costa Oeste, mientras que Hudson continuó su trabajo en Nueva York. Dicha separación también obedeció a las diferencias crecientes entre sus dos creadores: Hudson se mantuvo en su idea de un espacio soñador puro sin tener que reformular conceptos para responder a las mayores objeciones que surgían en contra de la teoría –el espacio nos sueña así como también sueña las contradicciones que dicha afirmación pueda contener –, mientras que McMurtry admitía cualquier teoría que le diera más forma y misterio al animal-onírco, mente o subconsciente de Dios (esto también lo hacía para ganarse la simpatía de alguna que otra MILF o cougar cristiana de buenos recursos). Dicha distanciación entre Hudson y McMurtry es conocida en la historia de los D.S.T.S como la ruptura del Bromance.
Todo iba viento en popa hasta el día en que McMurtry declaró en una entrevista radial que la teoría del espacio soñador era la única solución para salvar a la gente de toda la bullshit que había enseñado Ron Hubbard. Las reacciones y represalias de la iglesia de cienciología no se hicieron esperar. Siguiendo la política de “atacar al atacante”, las directivas de la iglesia encargaron el caso McMurtry-Hudson a un grupo de detectives y periodistas que asistían frecuentemente a las audiciones de la dianética para que encontraran cualquier detalle que permitiera desprestigiar los D.S.T.S.
El escándalo se desató pocas semanas después. Las pruebas habían sido enviadas a una importante cadena de noticias. El remitente de dicha información prefirió permanecer en el anonimato (irónicamente, la iglesia enfrentaba en aquel entonces el proyecto Chanology, que el grupo Anonymous había organizado a escala mundial). América estaba en estado de shock. Durante dos semanas no se dejó de hablar de: 1) la poca credibilidad del sistema becario universitario – no se encontraba una explicación lógica a cómo el anteproyecto sobre la recepción de las teorías culturales y la cosmología había logrado filtrase en los criterios de selección y había pasado en lugar de otras propuestas muchísimo más interesantes como las de la investigación sobre las fraternidades secretas homosexuales durante la Guerra de Secesión, o la del análisis semiótico-bíblico de los anuncios publicitarios divulgados durante el Superbowl. Más tarde se descubriría que el delegado que había recomendado vivamente el proyecto, el de la frase “contraespionaje cosmo-posmo”, estaba saliendo con la madre de Hudson. 2) en la biblioteca de McMurtry se encontró un ejemplar de The Secret, con lo cual se comprobaba que el éxito logrado era debido más bien al pensamiento positivo que al mérito de un trabajo intelectual intenso. El registro en el videoclub mostraba que Hudson era un fan empedernido de toda la franquicia de la Matrix. Entre 2000 y 2004, Hudson había alquilado al menos unas 75 veces los DVD de la trilogía, sin contar Animatrix y los videojuegos. Un seguimiento de sus compras en Amazon.com y MasterCard arrojó como resultado que, después de 2005, una vez que Hudson tenía dinero gracias a la beca, pudo comprarse todos los anteriores más los cómics. Con esto se llegaba a la conclusión de que no había originalidad en lo que los dos estudiantes proponían. La teoría del espacio soñador no sería más que un matrixismo disfrazado de reflexiones poco profundas, las que en ningún momento alcanzarían la agudeza de un Slavoj Žižek o un Alain Badiou. 3) Problema internacional. Un video dejaba ver a dos jóvenes estadounidenses desnudos (presuntamente bajo efectos de la droga) burlándose de dos oficiales del control fronterizo canadiense. McMurtry gritaba varias veces: “République du Québec dans tes rêves, mon tabarnak!”, mientras que Hudson no paraba de reírse como un tonto. Hubo manifestaciones monstruo frente al consulado de los Estados Unidos en Montreal exigiendo excusas públicas por haber ofendido la sensibilidad de un pueblo que ha estado bajo el yugo del opresor anglohablante por más de dos siglos.
Luego de unas tímidas declaraciones, explicaciones y excusas, Hudson cayó en un estado depresivo que lo llevó a abandonar sus actividades en el centro de Nueva York y retirarse a Vermont. McMurtry aprovechó todo el escándalo para seguir creándose aún más y ganar mayor atención mediática – fue detenido por conducir ebrio en compañía de Paris Hilton. Los dos padres de la teoría del espacio soñador se sumirían pronto en la fase caótica del proceso cósmico – uno en el caos silencioso, el otro en el caos del bullicio. El espacio soñador los integraría en sí mismo para reciclarlos entre polvo de estrellas e imágenes venideras – Hudson (cuerpo colgando, corbata negra), McMurtry (les danseuses, l’héroïne, l’overdose). Los padres mueren, pero no así las teorías que prometen una visión alternativa del universo.
(Dibujos: 3016-x)

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